Cuando iniciábamos nuestra andadura, a finales de la década de los años sesenta del pasado siglo, era difícil prever que la aventura iba a ser tan duradera, pero el tiempo se encargó de demostrar lo contrario. Los cimientos del Mester, amasados con una enorme dosis de ilusión y entusiasmo, se iban mostrando cada vez más sólidos y se convirtieron en la base sobre la que asentó esta larga historia, tan hermosa para nosotros. Pero esto no hubiera sido posible si, a lo largo de los años, no se hubieran ido forjando entre los componentes del grupo unos sentimientos que, al paso del tiempo, se convirtieron en algo mucho más profundo que una simple amistad. Y es que para haber permanecido juntos más de cincuenta y seis años en torno a un tipo de música no siempre valorada en su justa medida y sin gran repercusión en los medios de comunicación, si la comparamos con el eco que encuentran otros géneros musicales, no es suficiente tener una buena relación, que siempre la hemos tenido, sino que también son necesarios vínculos mucho más profundos, en los que el afecto, el cariño y el respeto mutuo constituyan el envoltorio en el que se desarrolle la convivencia.
El Mester es una familia, y los que formamos —o han formado— parte de ella nos sentimos muy orgullosos de llevar un apellido paralelo al que aparece en el carnet de identidad. La marcha de Milagros en 1990 y la de Javier en 2002, en ambos casos por causas de carácter familiar y profesional, supuso el abandono del escenario por parte de ambos, pero no su pertenencia a la familia del Mester, tanto en el caso de Milagros, hasta su reciente fallecimiento en 2025, como en el de Javier, que continúa con su colaboración participando en algunos conciertos y aportando su valiosa opinión sobre la actividad del grupo y sus proyectos.
Pero esta familia de la que formamos parte no está solamente formada por nosotros. Evidentemente, los músicos y técnicos que nos acompañan son también miembros de la misma; o las mujeres de Luis, Javier y Paco —Araceli, Ana y Amelia— a las que llamábamos cariñosamente la Triple A, que tuvieron que sacrificarse mientras sus compañeros andaban de lugar en lugar a bordo de diferentes vehículos, cuyos conductores también participaban, a su modo, de este parentesco común. Y por supuesto, los hijos del Mester, nuestros fans más entusiastas, algunos de los cuales se han incorporado activamente a la actividad musical y que aportan su talento muchas veces a los conciertos y grabaciones del grupo.
Ahora el núcleo de esta familia lo componemos Llanos, Paco, Rafa y Fernando Mester. Hasta hace poco, también estaba Luis, a quien con ese apellido recordaremos siempre, mientras nos duren las fuerzas y las ilusiones.
Precisamente las innumerables muestras y testimonios de cariño y admiración que hemos recibido en los medios de comunicación, en las redes sociales y en la calle a partir de la muerte de Luis hacia su persona y, en consecuencia, hacia el Mester, han supuesto para nosotros un motivo de reflexión y un acicate para continuar con nuestra labor y seguir trabajando por la difusión de la música tradicional. Ha sido realmente abrumadora la respuesta de la gente que nos sigue ante esta dolorosa circunstancia. Y, como decía Marcelo Galindo en el periódico El Norte de Castilla, la huella de Luis Martín guía al Mester.
La pérdida de Luis deja un vacío en el grupo segoviano que quiere seguir adelante para mantener vivo su legado. Y ante este hecho y ante la avalancha de afecto recibida, no podíamos hacer otra cosa que corresponder con nuestro trabajo y nuestra música. Además, estamos seguros, así lo hubiera querido Luis. Por ello, a pesar de que a partir del mes de julio éramos conscientes de que ya no podría venir con nosotros por su enfermedad, decidimos afrontar sin él los siete conciertos que teníamos contratados. Y la respuesta del público fue tal que nos llenó de emoción y de ganas de continuar.
La familia Mester emprende esta etapa con la satisfacción que le da el saberse querida por la gente que a lo largo de estos años le ha demostrado su afecto. Y, desde luego, consciente de la responsabilidad que adquiere al subirse a los escenarios, por supuesto con la garantía de seriedad y profesionalidad de que siempre ha pretendido hacer gala. Y en la certeza de que Luis nos seguirá inspirando desde allá donde se encuentre…
